El 2 de octubre, siendo las 6 de la mañana, el reloj biológico hace efecto en el cuerpo de Martha y la levanta como si fuera un resorte. Se calza y sale entre dormida de la habitación, lugar en donde había pasado las últimas 7 horas de sueño.Camina tambaleándose y baja las escalas de forma irregular ,mientras se acomoda de manera casi perfecta sus gafas. Entra al baño y después de varios minutos sale un poco más despierta, bosteza, frota sus ojos, mira alrededor y nota que su nieta está cerca de ella: "¿Por qué levantada tan temprano?", le pregunta, "Tengo que hacer un trabajo" respondió Lina algo impaciente. "¿A esta hora y un Sábado?", "Ajá". Sin más preguntas Marta gira hacia la cocina, prende la estufa, calienta un poco de leche, le agrega café y lo sirve. Va a la mesa y se lo toma con unas cuantas tostadas. "¿De qué es el trabajo?", "Una cosa...", "¿Cartas para Diego?","No, a ésta hora no. Eso es en otro momento". "Quiubo", la voz de Elisabeth retumbó en el salón. "¿Lina qué haciendo despierta a hora?". "Nada" contestó la joven maquinalmente. La conversación había terminado, Marta se paró y volvió a la cocina, preparó los materiales para hacer lentejas, y cuando terminó de organizarlos, comenzó la receta que seguramente habría aprendido a su madre hace quién sabe cuántos años .
Una hora y media después se dirigió a Lina, que había estado sentada en una silla del comedor mientras ella cocinaba: "Vaya báñese, tenemos que estar en la universidad a las 9, ya nos cogió el día". Aprovechó que la jovencita ya había cumplido su orden y se dispuso a hacer lo mismo. Se vistió; pantalón gris, camisa rosa y zapatos negros. "¿Ya estás lista?", "No, todavía no", respondió Lina. Sin pensarlo dos veces entró al baño y se maquilló, típico ritual de cualquier mujer.
Ambas salieron un poco afanadas, tomaron un taxi que las dejó en la puerta de la Universidad de Antioquia,entraron y caminaron hasta el bloque de Artes. Subieron 3 pisos y al terminar la última escala se encontraron con Mauricio, el profesor de batería de Lina; ella como siempre entró a clase, mientras Martha la esperaba sentada en una silla de madera algo incómoda. Desde que había comenzado el segundo semestre, ella se había ofrecido para acompañar a su nieta a las clases, argumentando que allí podía ver más gente que en la casa. Como siempre, durante el tiempo que esperó a su nieta, trabajó en alguna manualidad; para ese día habían sido elegidas las campanitas de pedrería, y alcanzó a finalizar 7 de ellas, muestra ésta, - una de tantas- de su incesante actividad diaria.
A las 2 de la tarde, Lina logró salir del último salón, después de la sesión de batería y de otro par de horas en Coro. Caminaron otra vez hasta la portería y llegaron a su casa de nuevo en un taxi. Almorzaron y un poco cansada por las actividades del día decidió tomar una siesta.
Dieron las 7 de la noche en el reloj de la sala y com o siempre tan puntual , Martha bajó las escaleras del mismo modo como lo había hecho 13 horas antes. Hizo un comentario que al oírlo todos los presentes en el lugar (su hija Elisabeth, su esposo Roberto y su nieta Lina) reaccionaron con una fuerte carcajada: "Me quedé dormida", "Si no nos decís, no nos damos cuenta" dijo Lina, ahora eran los 4 quienes reían. Martha prendió el televisor se fue para la cocina, preparó su comida y la de los otros 3, la sirvió y la cena terminó como siempre, con un:"Mi Dios le pague y le dé el cielo" de cada uno de sus familiares.
Serenata, el programa que veía todos los Sábados iba a iniciar; prendió el televisor y comenzó a tararear cada una de las canciones que interpretaban los mismos señores ya entraditos en años y un poco desafinados.
El día culminó con un " Hasta mañana", cuando eran ías 10:35 y el programa de la cadena departamental había terminado. Martha se levantó de la silla y caminó hacia las escaleras, subió tal vez pensando en lo que sería su vida a las 6 am del próximo día y de nuevo se internó en el más profundo de los sueños.
-------
Prensa Escuela 2004
0 Voces:
Publicar un comentario