He comprometido mi corazón,
al deseo irresistible de un hombre.
Hombre sin nombre, sin edad,
a una mancha enorme de necesidad.
Vendí mi alma al mejor postor.
A quien pudiera sacarme del averno de soledad,
en el que arden mis sueños
y se consumen lentamente mis esperanzas.
Me he vestido de tristezas,
de color de muerte y de dolor.
Mi ser hundido en la melancolía,
se revuelve entre la impotencia
de ser libre y desear ferviertemente,
las cadenas inclementes del amor.
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