Las personas que son consideradas clínicamente como pacientes desahuciados, es decir, quienes sufren de intensos dolores, provocados por enfermedades terminales incurables, tienen derecho a elegir si desean continuar con su sufrimiento, o si en vez de ello, prefieren utilizar el suicidio asistido, más conocido como eutanasia; siendo conciertas de que éste es un proceso de aceleración de la muerte.
No es desconocido que para muchos, el sólo significado de la palabra eutanasia, representa un grave conflicto entre el dolor y la moral, sin embargo su real interpretación debe de ser: buena muerte. Aunque parezca ilógico, la aplicación de una inyección letal, no se convierte en un crimen, si es analizado desde el punto de vista criticó de un paciente que lleva meses o años con intensos dolores y que a pesar de que se le han sido aplicados diferentes tipos de tratamiento, éstos sólo actúan poco tiempo e incluso, el organismo mismo termina volviéndose inmune a ellos, provocando su total ineficiencia.
El debate aumenta, cuando la Iglesia toma parte activa de las decisiones referentes a la aplicación de la eutanasia, especialmente la Católica Romana, la Luterana y la Episcopal (sólo ellas, porque en su mayoría, la demás religiones están de acuerdo con la práctica del suicidio asistido), estas religiones tienen determinado que la aplicación eutanasia no es moralmente lícita: "... La eutanasia es una grave ofensa a Dios, autor de la vida" y que por lo tanto, tampoco es lícito "matar a un paciente", ni dejar de suministrarte los medicamentos necesarios para su rehabilitación mientras ésta sea posible.
Por otra parte, el Estado está obligado a tomar una posición en este dilema, sin embargo, este enfoque depende de las creencias culturales de la Nación, por ejemplo, en algunos países como Canadá, el suicido es permitido, pero jamás un médico puede ayudar en él, en Oregon; Estados Unidos y en Australia, la eutanasia es permitible bajo condiciones limitadas. Y en Japón, Holanda y Cambodia su uso y aplicación es totalmente legal.
En Colombia, el problema de la eutanasia no es tan grave como se pudiera pensar, la eutanasia fue aceptada en Mayo 29 del año 1997, sin embargo, no se considera aún legal, porque no está contemplada en la Constitución. En relación a esto la iglesia Católica colombiana ha intervenido fuertemente ya que el fallo dado por el Congreso aún puede ser anulado.
Una de las discrepancias más grandes en la discusión acerca del suicidio asistido, es quizá que no se tiene lo suficientemente claro qué tipo de eutanasia es permitida, porque directa o indirectamente se puede estar aplicando: la eutanasia pasiva que es más conocida como la muerte natural, y consiste en suspender todo tipo de medicamento a un paciente, lo cual no produce contradicción con la ley natural. Por otra parte, está la eutanasia activa, que se produce cuando la muerte se ocasiona de una manera directa, es decir, cuando se cuenta con el apoyo de personal capacitado (médico y/o enfermera ) y con los medios necesarios para llevar a cabo la muerte (inyección letal). Éste último tipo de eutanasia tiene toda la validez, (igual que el primera) para ser utilizado, siempre y cuando sea autorizado por el paciente desahuciado, o por algún familiar en caso de que el enfermo no tenga la capacidad mental o corporal de hacerlo. Los derechos humanos, es el tema más tocado a la hora de hablar de la eutanasia, debido a que para el mundo entero es LA VIDA el derecho primordial de cualquier ciudadano, en contraste a ésto, podríamos considerar que no es totalmente justo que quien tiene derecho sobre su propia vida, se vea imposibilitado a actuar sobre ella, cuando su mismo organismo le impide vivirla dignamente. Un ejemplo claro de esta muerte digna, fue mostrado este año, en las salas de cine de todo el mundo, con la cinta "Mar Adentro", que describe el caso real de un joven que quedó tetrapléjico durante 30 años debido a un accidente, y que buscó por todos los medios, desde las cuatro paredes de su habitación, la aplicación de una inyección letal que acabara con su sufrimiento, no consiguiendo el apoyo del Estado ni de la Iglesia, decide entonces valerse de sus propios recursos y envenenarse con cianuro. Son así muchos los casos a nivel mundial, en donde las personas llegan a estados de depresión inimaginables, por verse postrados en una cama, dependiendo de otros, e incluso viendo cómo se deterioran paulatinamente, sin poder poner remedio a su enfermedad.
La inyección de la eutanasia es solución inyectable que contiene: embutamida, poderoso anestésico que paraliza el centro de la respiración; mebezonio ioduro, principio activo con acción curanizante, que provoca la paralización de los músculos esqueléticos estriados, incluidos los músculos respiratorios, ocasionando un rápido colapso circulatorio, evitando además la aparición de convulsiones. La incorporación de tetracaína clorhidrato como anestésico local permite conseguir una administración con escaso dolor.
Debido a que la eutanasia al momento de ser aplicada, no produce ningún tipo de dolor, sino que por el contrario, quita por completo la existencia de algunos de ellos en el organismo, debería de ser aceptada y legalizada en todos los países del mundo, ya que absolutamente nadie, en una edad consciente, merece sufrir los padecimientos que puede traer consigo una enfermedad incurable, aclarando enfáticamente, que ésta únicamente debería de ser aplicada a quienes así lo autoricen, y que por obvias razones quienes no han tenido que pasar por estos martirios, no tienen tampoco ningún derecho de decidir sobre la vida de otros seres humanos.
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( Ensayo - 2005)
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